Lunes 25 de Octubre de 2021

SALUD EMOCIONAL

3 de octubre de 2019

Superar los miedos emocionales

El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.

Los miedos emocionales nos quitan la energía, la libertad, la capacidad de crecimiento.

Toda molestia, preocupación, inquietud o temor debe ser atendido en el aquí y ahora. Por tanto, aprendamos a ser más conscientes de nuestro universo emocional, aprendamos a no huir de lo que duele o lo que nos da miedo. De lo contrario, todo ello irá dejando poso, se cristalizará hasta conformar un lazo y ese lazo, tarde o temprano creará la forma de un nudo. Evitémoslo, estamos a tiempo.

Los nudos emocionales nos quitan la energía, la libertad, la capacidad de crecimiento. Son bloqueos conformados por decepciones, por heridas, por vacíos, por seguir apegados a relaciones dolorosas y ciclos aún no cerrados. Así, liberarnos de estas madejas mentales requiere de una artesanía psicológica muy precisa con la cual permitirnos avanzar sin dolor, sin miedo.

Con el tiempo, puede que uno mismo acabe dándose cuenta de que una parte de su bagaje existencial le ha causado mella. Algunos hechos no resueltos del pasado pueden haberse cristalizado en forma de nudos emocionales. Esta realidad suele ser común cuando, por ejemplo, hemos dejado atrás una relación afectiva compleja, una pérdida personal o incluso cuando habita en nosotros la herida de una infancia traumática.

La analogía de los nudos no puede ser más acertada. De algún modo, esos estados psicológicos ejercen una presión dolorosa en la mente, hostigan el corazón y nos quitan el aire aferrando a su vez la mirada al retrovisor del pasado. Nos dejan en un estado precario donde perdemos nuestra capacidad de aprovechar el presente, de seguir realizándonos como seres humanos.

«No se puede deshacer un nudo si no sabemos primero cómo está hecho»


Nudos emocionales, heridas que no se resuelven solas
Los nudos emocionales no se deshacen por sí mismos. A veces, no basta con tirar de un extremo para que ese lazo o esa cuerda quede libre. La mayoría de estos nudos crean en realidad complejas madejas, cabos sueltos y dobles lazadas donde quedan acumulados nuestros pensamientos, nuestros miedos y ansiedades ejerciendo cada día más presión y mayor sufrimiento.

La psicología de la Gestalt suele trabajar este tipo de situaciones. Dentro de este enfoque suele decirse que cuando el ser humano ha tenido que hacer frente a la adversidad y no lo ha logrado aún superar sus efectos, algo queda pendiente. El dolor que persiste, la molestia que se niega a desaparecer es la evidencia de que hay algo en que aún debemos resolver. Es una deuda emocional con nosotros mismos.

Asimismo, y no menos importante, debemos recordar también que las emociones tienen un gran impacto en el recipiente que las contiene: nuestro cuerpo. Por tanto, un nudo emocional nos predispone de muchos modos: nos paraliza o nos impulsa a huir. También nos atenaza, impacta sobre nuestros músculos, sistema digestivo, sistema cardiovascular… Esa presión además se intensifica con la inacción. El no hacer nada, el esperar a que ese nudo se resuelva por sí mismo hace que este se vuelva más complejo, que cree dobles lazos, más vueltas y más reveses…

Aprender a desatar nudos emocionales
A todos nos ha ocurrido alguna vez. Casi sin saber cómo, esos cordones de las zapatillas o incluso el cable de nuestros auriculares se ha enredando en un nudo tan complejo que por un instante, hasta perdemos la paciencia. Sin embargo, si hay algo que sabemos es que para deshacer el más complejo de los nudos no hay nada mejor que observar cómo está formado.

Así, poco a poco y con meticulosidad, acabamos tirando de un extremo hasta liberar cada vuelta, quitando tensión, aflojando y devolviendo ese cordón o ese cable a su forma original. Por curioso que nos resulte, con los nudos emocionales sucede lo mismo. Eso sí, nosotros no volveremos a nuestra forma anterior. Esos laberintos emocionales nos cambian. Al final, conforman en nosotros una arquitectura artesanal más fuerte.

Lo ocurrido ayer no puede cambiarse. Lo que sí podemos cambiar es cómo nos sentimos ahora. Debemos transformar el sufrimiento en calma, el miedo en seguridad, la inquietud en serenidad.

 

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