Domingo 20 de Junio de 2021

18 de marzo de 2020

Cuando el enojo no se controla

La conducta impulsiva está relacionada con la incapacidad de un freno antes de actuar.Foto:Ilustrativa

Usted puede ayudar a que su hijo aprenda a manejar los sentimientos de frustración y enojo, que son emociones comunes entre los niños que tienen frustraciones.

Los niños con dificultades de aprendizaje y de atención podrían sentirse frustrados o enojados con más frecuencia que otros niños. Tal vez su hijo se esté sintiendo así a menudo o no sabe cómo expresarlo de manera constructiva. Eso puede ser un obstáculo para que aprenda, se sienta bien consigo mismo o logre sus metas.

Usted puede ayudar a su hijo a manejar mejor esos sentimientos, o incluso aprender a prevenirlos.

La diferencia entre enojo y frustración
La frustración y el enojo son emociones relacionadas, pero no son lo mismo. Su hijo podría sentirse frustrado cuando un obstáculo le impide obtener lo que quiere o lograr una meta. Eso puede hacerlo sentir vulnerable y molesto. El enojo es, por lo general, una respuesta a algo que él percibe como una injusticia, una amenaza o una humillación. Esto puede evocar el mismo sentimiento que la frustración pero es una emoción mucho más intensa. Él podría expresarla gritando, empujando, peleando o portándose mal.

Reconocer la frustración de su hijo
Los niños con dificultades de aprendizaje y de atención pueden sentirse frustrados si no son capaces de cumplir con las expectativas, incluso cuando se esfuerzan. Los niños frustrados podrían decir cosas como:

“No importa si trabajo en mi tarea durante 20 minutos o dos horas. De cualquier manera, me la van a devolver toda marcada en rojo”.
“Yo sabía ese capítulo de historia esta mañana cuando iba en el autobús. Pero a la hora de hacer el cuestionario después del almuerzo, no pude recordar ni la mitad”.
“Algunos niños no quieren ser mis amigos y no sé por qué”.
“No importa cuánto me esfuerce, no puedo seguir el ritmo de lo que está pasando en clase”.
Si los niños se frustran con demasiada frecuencia, podrían comenzar a creer que sus esfuerzos no valen la pena. Podrían perder interés en aprender y desarrollar lo que se llama “incompetencia aprendida”. Esto quiere decir que los niños piensan que no hay nada que puedan hacer para mejorar sus calificaciones, hacer amistades o ser entendidos y apreciados.

Cuando esto sucede, estos niños frustrados de un modo crónico podrían:

Permanecer sentados en silencio en el salón de clases. Al maestro podría no importarle porque no están causando ningún problema, pero estos niños no están interesados y no lo intentan.
Son reacios a tomar riesgos o a intentar cosas nuevas porque piensan que probablemente van a fallar.
Piensan que no tienen control sobre su capacidad para tener éxito, ya sea en la escuela, las actividades extracurriculares como el baloncesto o la banda, o en sus interacciones con otras personas.
Hacen payasadas para distraer a las personas de sus “fracasos”.
 
Además de sentirse frustrados, la mayoría de los niños con dificultades de aprendizaje y de atención se sentirán enojados en algún momento. Puede que sientan que:

Han tenido mala suerte en la vida
No es justo que las cosas sean fáciles para los demás
Nadie los entiende
Los niños podrían expresar su enojo a través de berrinches, insultando, lanzando cosas y peleando. Se portan mal porque no tienen otra forma de manejar los sentimientos y sensaciones que los están molestando.

Aunque sus compañeros y maestros parecen ser sus blancos más obvios, su hijo podría desahogarse con usted. Es común que un niño oculte su enojo en la escuela, pero cuando llega a su casa esos sentimientos intensos se desatan. Irónicamente, debido a que confía en usted, se siente en libertad para desahogarse. Sin embargo, puede ser muy confuso para los padres que con desesperación quieren ayudar. Averigüe qué hacer si su hijo es demasiado agresivo o insolente.

Sugerencias para lidiar con la frustración y el enojo
Para ayudar a su hijo a lidiar con la frustración y el enojo, intente estas estrategias (estas recomendaciones son eficaces para los dos tipos de emociones).

Muestre su apoyo. Hágale saber que usted está de su parte. Dígale que tiene ideas para que le vaya bien en la escuela. Y enfatice que lo ama incondicionalmente, incluso si olvida todo lo que estudió la noche anterior.
Hable acerca de las destrezas. Facilite que su hijo sea consciente de sus aptitudes.
Reconozca sus desafíos. Indique con ejemplos qué aspectos del aprendizaje parecen ser los más difíciles para su hijo. Si él sabe cuáles son sus limitaciones es más fácil que las maneje. Usted podría decirle: “Noto que algunas veces no deletreas las palabras correctamente. Muchas personas tienen esa dificultad. Hay estrategias que podemos intentar para ayudarte a mejorar”.
Enseñe persistencia. Ayude a su hijo a darse cuenta que si trabaja sus áreas problemáticas y mejora sus habilidades puede progresar y salir airoso. Cuando tenga problemas puede utilizar las estrategias que desarrolló para manejar sus limitaciones. En lugar de decir, “¿para qué voy a intentarlo?”, puede aprender a decir, “debería revisar mi ortografía para que no me quiten puntos por errores tontos”.
Establezca objetivos realistas. Aunque es magnífico que los niños se entusiasmen con lo que quieren hacer, también es importante ayudarlos a que sean realistas. Creer que va a ganar la primera carrera en la que participa puede que solo le cause frustración; intentar correr esa carrera en un lapso de tiempo realista puede posibilitar que siempre lo logre. Además, puede ayudarlo a enfatizar que el proceso es tan importante como la meta final.
Fomente las pasiones. Preste atención a las cosas que entusiasman a su hijo. ¿Música? ¿Patinetas? ¿Herramientas? Ayúdelo a que haga bien algo que le guste. Esa es una de las mejores maneras de desarrollar el sentimiento de ser competente. Ese sentimiento también puede traducirse en otras áreas. Asegúrese de elegir una situación donde él pueda tener éxito y sentirse a gusto. Por ejemplo, él podría jugar mejor un deporte en un equipo recreativo que en un equipo profesional.
Es una buena idea establecer límites con consecuencias claras cuando su hijo se porte mal. Sin embargo, asegúrese de que él sepa que el problema es su conducta y no él. También puede dar a su hijo estrategias para prevenir que pierda el control y maneras de calmarse cuando lo necesite. Recuerde que no tiene por qué hacer esto solo. Infórmese acerca de los tipos de ayuda emocional disponibles para su hijo.

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