Domingo 16 de Mayo de 2021

RELIGION

23 de junio de 2018

De espaldas a Dios, la vida humana se agosta

Por: Por:Redacciòn colegio"Facundo Quiroga"

Los psicólogos dicen que el sentimiento de identidad se desarrolla viviendo en confianza.Descubrir lo que implica vitalmente el creer en Dios Padre.

Y se vive en confianza cuando sentimos que alguien está con nosotros, nos acepta, nos ama. E inseparablemente, cuando también somos nosotros todo esto para quienes nos rodean. Sin embargo, una y otra vez surgen interrogantes que sitúan la vida humana en una tensión abierta entre la confianza y el temor.

El aburrimiento, el tedio y la angustia nacen en nosotros de sentir el fondo de nuestra propia inconsistencia. 


La angustia corroe todas las cosas del mundo y pone al descubierto todas las ilusiones. Sin embargo, la angustia nos ha servido a los hombres con mucha frecuencia, para ponernos delante de Dios. 


De espaldas a Dios, la vida humana se agosta. Como dice el profeta Jeremías: Doble mal ha hecho mi pueblo: a mí me dejaron, manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas, que el agua no retienen» (2, 13).

Si el hombre quiere alcanzar su  salvación, habrá de renunciar a su autonomía idolátrica y abrirse a la acción salvadora de Dios. Entonces, la vida será ante todo el fruto siempre nuevo de un don que viene de Dios.

En realidad, la fe nos libera  de la ilusión, de creer que podemos fundar nuestra existencia personal  en virtud de nuestra propia decisión.  Tal ilusión viene a ser una pretensión idolátrica que destruye al hombre mismo. 

Los ángeles son servidores de Dios en nuestro favor El amor de Dios y su presencia en la historia de los hombres se manifiesta también a través de enviados, mensajeros o ángeles.

La Escritura habla a menudo de los ángeles. Ellos son cooperadores de la bondad de Dios, espíritus inteligentes y libres, fuerzas poderosas del bien, que nos asisten en nuestra peregrinación terrestre: «¿Qué son todos (los ángeles) sino espiritus en servicio activo, que se envían en ayuda de los que han de heredar la salvación?" .

 El secreto de la vida humana consiste en llegar a confiar en Dios. Son los «pequeños», los que, humildes, creen y confían, los que descubren su acción y su presencia (Mt 11, 25), los que acogen la llegada del Reino de Dios, los que piden el cumplimiento de la voluntad del Padre: «Padre nuestro del cielo, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo» (Mt 6, 9-10). 

Jesús nos enseña que el hombre puede acudir siempre al Padre, tal como es en lo profundo de su vida, con sus miserias y necesidades ordinarias: «Danos hoy el pan nuestro de cada día. Perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido; no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno» (Mt 
6, 11-13). Quienes así se presentan delante de Dios saben también qué cosa es la fundamental: «Sobre todo, buscad el Reino de Dios y su justicia, lo demás se os dará por añadidura» (Mt 6, 33). 

El corazón de Dios Padre: entre el respeto a la libertad del hijo y la misericordia El corazón de Dios Padre lo manifiesta Jesús de forma incomparable en la parábola del hijo pródigo (/Lc/15/11-32), parábola que podría llamarse del padre misericordioso. En realidad, la figura principal es el padre.

En el contexto del Evangelio, Dios no aparece como el padre que atranca la puerta para que los hijos no salgan de noche, sino como luz que alumbra, como brújula que orienta al hombre en sus opciones, que no lo abandona en el ejercicio arriesgado de la libertad, y que crea nuevas perspectivas de liberación, rehaciendo los epílogos que parecían.

¿dónde me sitúo yo?, ¿dónde se sitúa el grupo? 

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