Jueves 6 de Mayo de 2021

SOCIEDAD

20 de diciembre de 2020

Navidad es un gran mensaje también para los no creyentes

La Navidad invita también considerar el valor de las personas.

La Navidad significa la plenitud de los tiempos. Una fiesta ampliamente compartida en países con raíces culturales cristianas.

Una fiesta ampliamente compartida en países con raíces culturales cristianas y aun en otros países que, de algún modo, quieren unirse a una fiestas que se cuenta entre las más celebradas del mundo.

Los cristianos celebramos el nacimiento de Jesús y, en último término, la Encarnación del Verbo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad de Dios. La Navidad significa la plenitud de los tiempos. Dios que ya se había revelado al hombre a través de la creación y, al Pueblo elegido, por medio de diversos profetas, se ha manifestado en Cristo. La Encarnación es acontecimiento único y totalmente singular. Un misterio de fe que encierra una riqueza tan grande que apenas podemos vislumbrar: Jesucristo, verdadero Dios que, sin dejar de serlo, se hace verdadero hombre.

Cuando los teólogos buscan motivos a la Encarnación del Verbo, básicamente encuentran cuatro:

Salvarnos, mediante la redención de nuestros pecados, que conlleva la reconciliación con Dios.
Darnos a conocer el amor que Dios nos tiene, hasta el punto de asumir la condición humana para que vivamos por medio de Jesucristo.
Conceder a los hombres poder ser hijos de Dios, por la unión con Jesucristo, participando así de la divinidad, y haciéndoles merecedores de la Vida Eterna.
Presentarnos a Jesucristo como camino para llegar a Dios, como el modelo de conducta a seguir.
Pero, ¿pueden los no creyentes encontrar algún mensaje en la Navidad? Efectivamente. Quienes, aún sin la fe cristiana, tiene buena disposición para buscar la verdad y hacer el bien, pueden encontrar en la Navidad varios mensajes. Entre ellos, los siguientes:

Descubrir que lo que los cristianos celebran, invita a reflexionar, y plantearse preguntas como ésta: ¿Y si fuera cierto que Dios no solamente existe sino que se ha hecho muy cercano a los hombres manifestando hasta el extremo su amor, misericordia y voluntad de salvación?
Por otra parte, la Navidad invita a revisar los propios valores y prioridades. En un artículo publicado por Benedicto XVI en el Financial Times señalaba: “El nacimiento de Cristo nos desafía a repensar nuestras prioridades, nuestros valores, nuestro mismo modo de vivir.” La invitación lleva a contrastar el propio modo de pensar con los valores del Evangelio y, preguntarse: ¿son mis propios valores tan elevados como los valores de amor, justicia, verdad y libertad propuestos por Jesucristo?
La Navidad invita también considerar el valor de las personas. Que Dios se haga hombre para salvar a todos, manifiesta la inconmensurable dignidad humana, el valor de cada ser humano, sea quien sea. Esto lleva a los cristianos, en colaboración con otros, a respetar y promover los derechos humanos y a ser sensibles y remediar situaciones de pobreza, de falta de respeto a la vida humana y cualquier ultraje a tal dignidad.
La Navidad hace intuir a muchos que trae un mensaje de paz y alegría. Están en lo cierto. Para los cristianos es una paz y alegría con fundamento. Jesús, el Mesías prometido por los profetas, es “Príncipe de la Paz”. El trae la paz al alma por la reconciliación con Dios e invita a trabajar por la paz exterior, como fruto de la justicia. La participación en la filiación divina y la esperanza de herencia de la Vida eterna proporciona serenidad y alegría. Serenidad y alegría que van más allá de las conocidas visiones materialistas y de la ausencia vital de Dios de la vida de tantos.
Por último, pero no menos importante, la Encarnación del Verbo manifiesta el valor divino de lo humano. Motivo que invita a los no creyentes a comprender que los cristianos no son ajenos a nada humano y trabajan, y quieren trabajar, con todas las personas de bien para lograr un mundo mejor. Como señalaba el Papa actual, en el artículo citado, «es en el Evangelio donde los cristianos encuentran inspiración para toda su vida cotidiana y para su participación en los asuntos del mundo –sea que esto suceda en el Parlamento o en la Bolsa–. Los cristianos no deben escapar del mundo; por lo contrario, deben comprometerse en él.»
 Lo dicho, la Navidad trae una mensaje grande para quienes tienen fe en Jesucristo, Dios y hombre verdadero, pero también un gran mensaje para los no creyentes, con tal que quieran escucharlo.

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