Jueves 6 de Mayo de 2021

7 de julio de 2019

¿Por qué están desmotivados los profesores?

Por: Por:Redacciòn colegio"Facundo Quiroga"

Los profesores se sienta poco valorado y, en consecuencia, desmotivado, es una pelea que debemos tener muy en cuenta.

Cuando se habla de motivación en el ámbito educativo, casi siempre se habla de la motivación del alumnado. Por lo general, parece que la escuela desmotiva a los alumnos y que la función principal del docente es motivarlos para que estudien. Sin embargo, nunca se habla de los problemas de motivación de los propios docentes y, mucho menos, de lo poco que los alumnos motivan a sus profesores.

Un profesor motivado aumenta la probabilidades de un aula feliz. Ahora pongamos el ejemplo contrario: Un profesor sin motivación convertirá su aula en un espacio poco feliz. «La excusa típica que ponemos los docentes es el sueldo, los directivos, las mejores condiciones... Y eso no es así: Debemos de convencernos de que tenemos una profesión maravillosa y pocas profesiones tienen un impacto social como la nuestra».

¿Y a un alumno cómo se le motiva? "Es más fácil motivar a un alumno que a un profesor". Es verdad, valora, que no es lo mismo motivar a un niño de seis años, al que tan solo hay que orientarlo, que a un adolescente de secundaria. La neuroeducación, que es la aplicación de la neurociencia en el ámbito de las aulas, dice que el gran cambio está en las emociones. "Si el maestro se emociona podemos emocionar a nuestros alumnos a través de la curiosidad. Es imposible enseñar si un alumno no quiere aprender. La transformación consiste, por tanto, en saber cómo quiere aprender el alumno. Ser docente no es llegar a un aula y soltar lo mucho que sé sobre determinada materia. Ser docente es conseguir que mis alumnos quieran aprender"

La motivación externa de un docente procede de tres sectores: la direccion, los padres y los alumnos.  En el actual sistema educativo, la burocracia lo ha invadido todo. Incluso podría decirse que es más importante que el propio aprendizaje. Y mil veces más importante que el propio docente.

En lo que respecta a los padres, poco se puede decir. La motivación que transmiten a los docentes es casi nula. Los padres desautorizan a los profesores frente a sus hijos, cuestionan sus decisiones y se quejan de las vacaciones que tienen. También se manifiestan para reclamar más horas de clase, pero no exigen a si mismos más horas para conciliar la vida familiar con sus hijos. No quieren verlos ni en pintura. La dejación que muchos padres hacen de sus responsabilidades genera hijos sin normas, egoístas, egocéntricos, violentos y con baja resistencia a la frustración, pero eso sí, con una gran inclinación al alcohol, a las apuestas deportivas, al uso enfermizo de las tecnologías y a las drogas, aspectos que luego los padres reclaman que se solucionen en la escuela.

Con esas características, llegan al aula infinidad de alumnos a diario. A veces, llegan incluso sin dormir, porque tienen ordenador, móvil y táblet en su habitación, y se pasan las noches enteras jugando o chateando o istagrameando o acosando a otros.

En cuanto a los alumnos, aparte de cansados, llegan sin ganas de pensar, y su actitud es de tal inactividad y tal falta de interés que terminan con la poca motivación que le ha quedado al docente después de pasar miles de estándares de aprendizaje al ordenador y de haber sido ninguneado por algún padre (o algún alumno) a la puerta del instituto, colegio o escuela.

Es cierto que los docentes deben intentar encontrar esa motivación muchas veces oculta en algunos alumnos. Es parte del propio proceso de enseñanza. Pero no es la única ni la más importante finalidad. Mayoritariamente, los alumnos deberían llegar a los centros educativos motivados de casa.

Nadie les motiva para apostar en un partido de fútbol y, sin embargo, saben hacerlo a la perfección. O para conocer la barra de labios que lleva tal actriz, o para seguir a tal o cual youtubero; un youtubero, por cierto, que (gracias a esos jóvenes tan desmotivados para el estudio), cobra por hacer chorradas en un mes lo que todos los profesores de un instituto en un año.

Ningún profesional, sea del campo que sea, debería llegar a verse desmotivado en su labor bajo ningún concepto, pero, si hablamos de una persona cuyo trabajo consiste en enseñar a otros y, en cierto modo, motivarles para el éxito, estamos ante un problema. Un docente poco motivado puede ser la causa directa del fracaso de sus alumnos/as, mientras que uno motivado puede tener las ganas y optimismo suficiente como para enfrentarse a cualquier reto y ayudar a sus alumnos/as a encontrar la motivación.

Por eso, no estaría de más que los padres y los alumnos reconociesen el enorme mérito de los docentes por intentar contrarrestar toda la basura espiritual y ética que los menores reciben de la sociedad en general y de algunos padres en particular y, aunque no los motivasen, les mostrasen, como decía Jack Nicholson en Algunos hombres buenos, al menos, «un poco de necesitado de respeto».

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