Domingo 20 de Junio de 2021

COMPROMISO SOCIAL

17 de octubre de 2020

Jóvenes no dejen de soñar ni abandonen sus proyectos

La pandemia de covid-19 ha dejado a las poblaciones en un terrible estado de vulnerabilidad y desmoralización.

Un joven estudiante de bachillerato me compartió recientemente su sentir durante un diálogo telefónico: «Parecemos pasajeros de un frágil barquito en medio de un mar embravecido, donde el capitán enloqueció y el timonel abandonó su puesto, las brújulas se trastornaron y la oscuridad (del intelecto) es el único horizonte que se tiene por delante».

Yo asentí porque este joven estudiante nació y creció en una ciudad de la costa, de modo que sabe de navegación y su capacidad de parangonar situaciones de la vida diaria con eventos marítimos es inherente a su personalidad. Le he dicho que, cuando llegue a ser profesor universitario (seguro estoy de que así será), tendrá en esa capacidad suya un enorme cúmulo de recursos didácticos.

Lo dicho por este futuro universitario (quiere estudiar Medicina y por esa razón me contactó) es suficiente para darnos cuenta de la atmósfera que rodea a las poblaciones y a las generaciones que aún no han tenido la ocasión de vivir y sobrevivir a un desastre global como esta pandemia. Se trata de una atmósfera de agobio y desolación.

Después de hablar con el estudiante en mención, me vino a la mente la imagen del papa Francisco el 27 de marzo, cuando, abrumado por la angustia, pero con paso firme, atravesó la plaza de San Pedro para orar por el fin de la pandemia. Las palabras que más me impresionaron fueron: «Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados, pero al mismo tiempo importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca estamos todos. Como esos discípulos que hablan con una única voz y con angustia dicen “perecemos” (cf. v. 38), también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino solo juntos. Nadie se salva solo».

Que ese nuevo amanecer no los tome sin un proyecto de vida entre sus manos, pues lo peor que podría sucederles es seguir igual o peor que antes de la peste.

Y a lo largo de los siguientes ocho meses, ante los infortunados deslices de nuestros gobernantes a nivel nacional y mundial, las palabras fragilidad y desorientación, pero también remar juntos, confortarnos y nadie se salva, han resonado en mi mente solo a manera de pesos y contrapesos. Vocablos estos extraídos de la oración del papa.

Asumí entonces que durante algún tiempo, en orden a la pandemia, nos tocará remar juntos. Habremos de confortarnos mutuamente, de apoyarnos y de hacernos sentir acompañados. Porque no somos pocas las personas que hemos perdido a seres queridos, no somos pocos quienes no hemos podido despedir al amigo, no somos pocos quienes tenemos a alguien de nuestro entorno entre la vida y la muerte en los hospitales. Y no somos pocos los médicos que hemos visto partir a muchos hermanos (colegas, enfermeras y salubristas) a causa de la total indefensión en que estaban trabajando para mitigar los efectos de esta calamidad.

Pero todo caos tiene su orden posterior. Como humanidad, estamos atravesando un momento difícil, que también es un lapso de oportunidades, entre las cuales destacan volver la mirada a la verdad y a la vida, interiorizarnos para mejor discernir, dejar el entorpecimiento que nos provocan los ídolos del placer, el poder y el tener (a costa de lo que sea y de quien sea), y, además, la oportunidad de retomar nuestros proyectos.

Así las cosas, jóvenes, la pandemia pasará. Más pronto que tarde, la pandemia pasará. Pero ustedes sobrevivirán. Por lo tanto, que ese nuevo amanecer no los tome sin un proyecto de vida entre sus manos, pues lo peor que podría sucederles es seguir igual o peor que antes de la peste.

Concluyo compartiéndoles la despedida del joven porteño que dialogó conmigo: «Con pandemia o sin pandemia, yo quiero reservar un cupo en Medicina porque las borrascas siempre pasan». Y su lugar le fue reservado. Recuerden (en relación con el discernimiento): en un día claro se ve. 

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