Sábado 4 de Diciembre de 2021

16 de septiembre de 2021

Como reconstruir el sentido de la escuela como un lugar seguro

Ahora bien, educar es, precisamente, promover lo humano y construir humanidad

Hacer de la escuela un lugar seguro involucra un trabajo articulado de toda la comunidad educativa.

A la hora de pensar el regreso a las aulas, es importante que los equipos directivos puedan planear y trabajar reconociendo tres momentos que garantizan la seguridad dentro de la escuela: el momento anterior al regreso, el momento de y durante la reapertura y el momento que implica el sostenimiento de la seguridad una vez abiertas nuestras escuelas. Consideraciones sanitarias y normativas que preparen al edificio escolar para recibir a toda la comunidad educativa Una de las cuestiones centrales a trabajar como equipo directivo es la vinculada con el conocimiento profundo y actualizado de los lineamientos oficiales para la apertura de nuestras escuelas. Si bien las normativas al respecto pueden ir variando y ajustándose con el correr del tiempo, existen ciertas consideraciones generales con las que hoy ya podemos comenzar a planear. Algunas de estas incluyen procedimientos de limpieza y desinfección, la seguridad de todo el personal que trabaja en la escuela, identificando personas de riesgo, la construcción de nuevas rutinas que involucren el cuidado personal, la higiene y la responsabilidad colectiva por el cuidado de nuestros espacios y materiales compartidos. La seguridad en las prácticas y los hábitos cotidianos de la escuela, en todos los espacios institucionales Volver a la escuela va a implicar necesariamente la construcción de nuevos modos de organizarnos, de relacionarnos y de vivir la experiencia educativa. Cada una de las actividades que hasta ahora resultaban conocidas por todos los miembros de nuestra comunidad educativa deberá ser revisada a la luz de las medidas de protección y seguridad que favorezcan el cuidado de todas y todos, cada una y cada uno.

Cuidarse y cuidarnos todas y todos como aprendizaje para la vida A lo largo de los meses que hemos transcurrido sin asistir a la escuela, la sociedad ha ido sensibilizándose e incorporando nuevos hábitos y prácticas para el cuidado de todas y todos. Hoy podemos decir que, en mayor o menor medida, están presente en nuestros hábitos cotidianos la importancia del lavado de manos, la higiene de todas nuestras prendas y objetos, el cuidado de no toser sin protección o llevarse las manos a la cara. El estudiantado, en sus diferentes edades, ha ido apropiándose de estas prácticas con la ayuda de las personas adultas y ha internalizado, de alguna manera, la idea de que cuidarse son la mejor forma de cuidar a las y los demás. Estas nociones acerca del autocuidado y la responsabilidad por el bienestar colectivo es probablemente uno de los aprendizajes más importantes sobre los cuales construir el bienestar y la posibilidad de sentirnos seguras y seguros en la escuela. Un lugar seguro es también una red que contiene Resignificar los lugares públicos como lugares seguros es un trabajo importante que también se construye desde la escuela. Se trata de abordar la seguridad no solo desde las medidas de salud e higiene, sino también desde la dimensión emocional y social que las instituciones involucran. En este sentido, recuperar el espacio escolar como lugar seguro implica elaborar las emociones vividas en este tiempo, recuperar el cuerpo y la presencia en el encuentro, siempre incorporando los aprendizajes del autocuidado y el cuidado de las y los demás. Se trata de darle un nuevo valor a la fortaleza del tejido social que nos contiene en el marco de nuestra comunidad escolar. La escuela es un lugar seguro cuando nos cuidamos entre todas y todos, nos respetamos y podemos hablar y compartir lo que sentimos.

La escuela como punto de encuentro central de la comunidad para aprender. Construir sentido de comunidad, como refugio, salir del hastío, aburrimiento y miedo, para involucrarse a hacer entre todos/as. Hacer de la escuela un refugio de un afuera que hoy resulta amenazante es invitar a la comunidad educativa a ser parte de esta nueva etapa. Nos sentimos seguros si hacemos algo, si somos parte, si somos grupo, si aquello que vivimos nos permite ser parte de la reconstrucción. Porque después o mientras tanto será reconstruyéndonos la oportunidad para hacer de la escuela más que nunca un espacio de encuentro con los otros, donde el desafío será comprender que ese otro soy yo y que juntos sentiremos que no estamos solos, que somos parte de un todo que siempre será mejor que las partes

“Construir significado con otros, especialmente los maestros, no es una cuestión de persuadir o informar. Es preciso tener en cuenta las condiciones culturales y contextuales de donde el cambio se construye”. Mónica Gather Thurler

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