Jueves 6 de Mayo de 2021

DESARROLLO SOCIAL

1 de marzo de 2018

Por què los jóvenes no quieren ser parte de su sociedad

¿Es la sociedad la que no sabe escuchar o los jóvenes los que no saben expresarse?.

Es recurrente en nuestros días hablar de las actitudes irresponsables o desinteresadas de los jóvenes dentro del actuar en la sociedad, pero pocas veces aquellos que critican aluden a su propia carga en la proliferación de dichas actitudes. Como bien todos sabemos la sociedad está formada por diferentes actores, en los cuáles tanto adultos, como niños, ancianos y jóvenes, tienen un irremplazable rol que desarrollar y la actividad de unos afecta la de los demás transformándose en un ciclo donde todos dependen de todos.

¿Qué pasa realmente con los jóvenes que no quieren ser parte de su sociedad?, nuestra teoría para explicar esta falta de cumplimiento del rol de los jóvenes es sencilla, se debe, según planteamos, a la pérdida de identidad y a la falta de comunicación con las generaciones precedentes.

La pérdida de identidad se podría simplificar en dos preguntas, ¿quiénes somos? Y ¿hacia dónde nos esperamos dirigir?, si no somos capaces de contestar éstas interrogantes o el camino en que nos encontramos se aleja demasiado del deseado, nos encontramos en un claro caso de ausencia de identidad. Éstas interrogantes nos llevan a la segunda hipótesis, el estado de desorientación en el que se encontrarían muchos jóvenes se deben principalmente a un problema educacional que parte con el núcleo fundamental de la sociedad, la familia, en las que los padres como primeros educadores no desarrollan cabalmente su función y priorizan exigencias materiales que les exige la modernidad, quitando tiempo a la crianza de sus hijos y dejándolos a merced de otros maestros que tal vez no son los más recomendables, o simplemente a la deriva sumidos en la inseguridad.

Las instituciones educadoras tradicionales familia y escuela que garantizaban la transmisión de valores morales y religiosos a los educandos no lo están haciendo hoy día, en buena parte, porque no se encuentran preparados para manejar esta crisis, que los trae desconcertados, desorientados y preocupados.
Sería contraproducente emitir juicios precipitados y aun equivocados, generalizando más allá de lo justo los datos negativos y haciendo juicios de valor negativos sobre el presente y el futuro de la juventud actual.

Dentro de la educación, la sobre estimulación de los medios, los falsos modelos de éxitos y la cultura del consumo, nos lleva a un sin fin de informaciones que desde pequeños son entregados a los hijos, información que por carecer de la orientación paterna adecuada pierde todo rumbo, y termina en los problemas que ya conocemos.

La falta de comunicación con los supuestos educadores, la inseguridad que lleva a la falta de proyección y al no considerarse capaces, crea en los jóvenes una especie de resentimiento contra aquellos a quines consideran culpables, todos aquellos que no los ayudan ni escuchan, todo el resto de la sociedad.

El sentimiento de pertenencia que se debería tener hacia la comunidad, es reemplazado por el de inadaptación y el de incomprensión, haciendo que el joven no se comprometa y no coopere con algo al que él considera que no le debe nada.

Al respecto se deben considerar las siguientes reflexiones: ¿Es la sociedad la que no sabe escuchar o los jóvenes los que no saben expresarse?; en caso de existir ¿Las instancias de comunicación son suficientes?; ¿qué se entendería como una participación adecuada de la juventud en la sociedad?; ¿Cuáles son las metas e intereses que motivan a los jóvenes dentro de su vida en la comunidad?; en caso de que existan estas motivaciones ¿creen poder hacer el cambio que desean en las áreas de su interés o no?; si la respuesta es no ¿es porque el medio no se los permite o porque no se sienten capaces?.

Para descifrar este problema necesitamos de tú ayuda, ayudémonos mutuamente, ésta sociedad necesita de nuestra opinión para que funcione correctamente el ciclo, dejemos de hacer pensar que la palabra joven es sinónimo de vago, desinteresado o irresponsable, que sea por el contrario sinónimo de cambio, fuerza y progreso. Hagamos del futuro de Argentina el que esperamos y tomemos nuestras vidas en nuestras manos, joven aquí tú voz se escucha, no dejes pasar la oportunidad, y de una vez por todas.

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